21 de noviembre de 2018

 

Ángeles Rodríguez. S:T. 27,5 x 43,5 cm. 2018.Ángeles Rodríguez. S/t. Técnica mixta en papel con cera virgen decolorada. 27,5 x 43,5 cm. 2018.

 

Empecé a representar paisajes después de realizar varias visitas al mágico massís del Garraf, mientas cursaba el master Creación artística: realismos y entornos en la Universidad de Barcelona. Son paisajes emocionales, realizados a partir de mis propias sensaciones y fantasías. El tener contacto directo con el medio natural, me sirve para conectar con mi interior y vivir sensaciones únicas, que quedan plasmadas en mi trabajo. Sumergida en el Garraf, aprendidí a amar más la naturaleza y darme cuenta del placer de trabajar a partir de ella.

El canto de pájaros y de insectos, el sonido del viento y de las hojas de los árboles, mis pisadas sobre el barro, el silencio, el calor de los rayos de sol sobre mi cara, el olor a lluvia… 

Podéis ver mis últimos trabajos en la exposición colectiva DelicARTessen 17, en la galería Esther Montoriol de Barcelona. La exposición se puede visitar hasta el día 12 de enero de 2019.

#DelicARTessen17 #groupshow #galeriaesthermontoriol

 

 

 

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DelicARTessen 17

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On November 16, the collective exhibition Delicartessen 17 in which I participate is inaugurated. In the Esther Montoriol Gallery of Barcelona, from November 17, 2018 to January 12, 2019.

El 16 de novembre, s’inaugura l’exposició col·lectiva Delicartessen 17 en la qual participo. En la Galeria Esther Montoriol de Barcelona, del 17 de novembre del 2018 al 12 de gener del 2019.

El 16 de noviembre, se inaugura la exposición colectiva Delicartessen 17, en la que participo.  Organizada por la galería Esther Montoriol de Barcelona. Del 17 de noviembre del 2018 al 12 de enero del 2019.

#Delicartessen17  #contemporaryart  #groupexhibition

www.montoriol.com

 

DAISETZ TEITARO, S.

SUZUKI, D.T. (1985). Budismo Zen. Barcelona: Kairós

«Uno de los maestros Kano fue requerido en una ocasión con objeto de pintar un

dragón en el techo de uno de los principales edificios pertenecientes a Myosynzi.

Quería hacer del dragón una de sus obras maestras, pues el templo tiene una larga

existencia y allí se encuentra gran número de insignes obras artísticas de todo tipo.

No obstante, no acababa de sentirse plenamente capacitado para semejante tarea. El

dragón es, claro está, una criatura mítica, y el pintor no pretendía, lógicamente, que

su obra pareciera un genuino dragón. Aspiraba a creerlo de su propia imaginación,

pleno de vida y espíritu, de manera que el animal, aunque grotesco en apariencia,

sería el propio pintor tomando vida en un mundo imaginario. La realización de tal

proyecto no era tarea fácil. La realidad de los sentidos trabajaba incesantemente en

su contra en cuanto se esforzaba por remontarse hacia los cielos de sus fantasías

artística. El pintor recurrió finalmente al abad de un monasterio Zen, un gran maestro

de aquella época, y le preguntó sobre la forma de proceder en su trabajo. El maestro

le dijo simplemente: «Conviértete en dragón». El artista Kano no acabó de entender

cómo debía interpretar el consejo, pero tras mucha reflexión, la idea comenzó a ser

comprendida. Cuando finalmente regresó a donde estaba el maestro, no era ya un

simple artista tratando de pintar un dragón, sino el propio dragón. El maestro le orientó

entonces sobre la forma de avanzar en su trabajo. Se trataba pues, de un dragón

pintándose a sí mismo, no de un artista humano tratando de representar una criatura

mítica. La obra todavía puede ser contemplada hoy en día, tan como el artista la pintó

en blanco y negro, en el techo del templo.» (SUZUKI; 1960:105)

SUZUKI, D.T. (1960). Budismo zen y psicoanálisis. Nueva York: Harper and Brothers.

«El abad de cierto monasterio Zen quería que el techo del Salón Dharma fuera

decorado con un dragón. Se pidió a un notable pintor que hiciera el trabajo. Aceptó,

pero se lamentó de no haber visto nunca un verdadero dragón, si es que éstos existían

realmente. El abate le dijo: “No le importe no haber visto a esa criatura. Conviértase

en uno, transfórmese en un dragón viviente y píntelo. No trate de seguir el molde

convencional.”

El artista preguntó: “¿Cómo puedo convertirme en dragón?” Replicó el abad: “Retírese

a sus habitaciones privadas y concentre en eso toda su mente. Llegará el momento en

que sienta que debe pintarlo. Ése es le momento en que usted se habrá convertido en

dragón y el dragón lo impulsa a darle una forma.” El pintor siguió el consejo del abad

y, después de varios meses de grandes esfuerzos, cobró confianza en sí mismo al

verse en el dragón que surgía de su inconsciente. El resultado fue el dragón que vemos

ahora en el techo del Salón Dharma en el Myoshinhi, Kyoto.» (SUZUKI; 1960:21)